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Enseñanzas de una «resaca» de polarización social

Marco Lara Klahr.

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TEGUCIGALPA.? Polarizar mina la convivencia democrática. Es obvio. Y, sin embargo, en escenarios como el electoral o el de la crisis de seguridad que estamos viviendo en México, insistimos en hacerlo, omitiendo nuestra responsabilidad sobre lo que nos costará resarcir el daño social, en el hipotético caso de que alguna vez lo intentemos.

Sometidos a los liderazgos populistas que predominan en el horizonte, hoy llegamos a proponer o aceptar la eliminación de quienes lo mismo disienten políticamente, que de aquellos señalados de transgredir la ley. Mañana esto nos precipitará a un encono paralizante ?ahora mismo a muchos nos produce frustración y vergüenza.

El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, realizó el sábado [junio 15, 2012] en esta ciudad el Foro «El rol de los medios de comunicación en la formación de la ciudadanía», al que concurrieron 60 periodistas, hecho insólito en un espacio concebido para reflexionar sobre las secuelas que dejó el golpe de Estado de junio de 2009, así como el papel pernicioso que jugaron medios y periodistas en esos momentos dramáticos para la democracia, y los desafíos ante el proceso de reconciliación nacional.

En el marco del Foro fui invitado a conversar sobre la violencia contra los periodistas en México, de modo que pudiéramos encontrar paralelismos entre las realidades hondureña y mexicana, pero también opciones de transformación profesional y hacia la comunidad. Seis horas pensamos, discutimos, disentimos y nos sentimos con intensidad.

Fue un gran episodio del camino propiciado por el PNUD como parte de su Proyecto de Apoyo a la Reconciliación Nacional para el Fortalecimiento del Sistema Democrático en Honduras, después de que la Comisión de la Verdad y la Reconciliación al rendir su «Informe final» [julio, 2011] descubrió que, en general, medios y periodistas habían sido instrumentos polarizantes al servicio de las dos fuerzas políticas confrontadas en el contexto del golpe de Estado, contribuyendo al deterioro del entramado social, invisibilizando al grueso de la comunidad y, al mismo tiempo, atrayendo hacia sí la desconfianza e insatisfacción de grandes segmentos sociales.

El PNUD contrató a José Luis Sanz, reportero del entrañable periódico digital salvadoreño El Faro, para que realizara un sondeo entre los periodistas previo al Foro del sábado. Así, en noviembre [2011] lideró 13 reuniones en Tegucigalpa, San Pedro Sula, Santa Rosa de Copán, El Progreso, La Ceiba, Choluteca y Juticalpa a las que acudieron 214 periodistas de 50 medios noticiosos. Tanto el diálogo como los cuestionarios aplicados se enfocaron en indagar si los periodistas tenían una visión autocrítica de su papel y el de sus medios en los sucesos relativos al golpe de Estado; les preocupaba reivindicarse, y tenían voluntad de cambiar en favor de la reconciliación social y la construcción de ciudadanía.

Hay que considerar que después del golpe de Estado han sido asesinados 29 periodistas, lo que se suma a la «resaca» de polarización. Es por eso que durante el Foro, el momento más interesante y aleccionador fue en el que José Luis presentó los resultados de lo que los propios colegas hondureños le dijeron en las reuniones y encuestas.

Yo, que iba como conferencista, terminé convencido de que tenemos que aprender del proceso de los periodistas hondureños que acudieron al Foro, demostrando que son capaces de escucharse, criticarse y autocriticarse, reflexionar juntos y buscar opciones sin que eso les exija uniformidad ideológica.

Enseguida reproduzco hallazgos de José Luis, deseando que en México los aprovechemos. Básicamente, los periodistas:

1) Siguen divididos en dos bandos ?definiéndose como «golpistas» o «antigolpistas».

2) Carecen de referentes ético-profesionales, incluido el de la independencia profesional.

3) Aparte de la precarización laboral, se perciben indefensos ante las políticas editoriales de sus medios ?que, consideran, se pusieron al servicio de los bandos en pugna durante el golpe de Estado.

4) No obstante, prefieren someterse a poner en riesgo su empleo.

5) Aceptan que en el gremio predominan la corrupción y los conflictos de intereses, aun en el Colegio de Periodistas de Honduras.

6) Están sometidos al «terror» del crimen organizado y las pandillas aliados con políticos.

7) Son escépticos sobre la posibilidad de un cambio en el periodismo, en parte porque sienten que este depende de los dueños de sus medios.

8) temen que los medios y la libertad de expresión sean regulados, pues asocian regulación con censura.

9) A pesar de todo, son autocríticos respecto del daño que produjeron al derecho a la información de los hondureños, y al propio gremio; están abiertos a dialogar; quieren rebasar el estado de mutuo encono que dejó el golpe de Estado, y desean saber cómo empezar a cambiar, además de considerar que el Colegio de Periodistas de Honduras, la academia y la sociedad civil organizada son actores cruciales para liderar ese cambio.

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