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Hechiceros contra Órale!! Qué Chiquito…

Marco Lara Klahr. 10 octubre 2011

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DURANGO.– … que equivale a Santo contra los zombies.

I. Los periodistas investigativos hemos ido convirtiéndonos en una suerte de hechiceros. Nunca lo sentí tanto como ahora que, por iniciativa de Dinora González Solís y Jorge Pérez Arellano, me vi ante un grupo de colegas duranguenses revelándoles en dos sesiones vespertinas, casi de forma subrepticia, método y técnica periodística, artes e ingredientes para sacarle al caldero humeante una buena historia.

En la redacción de El Siglo de Durango, antes de la segunda sesión, Jorge me mostró Órale!! Qué Chiquito, minitabloide que ha capitalizado la postración de periódicos históricos como La Voz de Durango, y muestra cuánto se han desbarrancado ciertos medios impresos, el periodismo y los periodistas. Pertenece al corporativo multimediático Grupo Garza Limón, con intereses también en publicidad, telefonía, comercialización de productos y casas de cambio. Impreso a colores, es menor a una cuartilla, pero voluminoso. Circula por un peso y a veces gratis.

Su éxito creciente no se explica porque su primera plana rebose servilismo al gobernador Jorge Herrera Caldera y otros políticos, sino tal vez por la banalidad de sus contenidos, abundantes noticias sobre farándula y una contraportada con los más viles tópicos de la «nota roja»; también porque se anuncia con un spot televisivo que ridiculiza la homosexualidad, de cara a una colectividad con bolsones de terco machismo.

Al hojearlo lamenté que seamos una sociedad claudicante, que ha ido abandonando el ejercicio de los poderes ciudadanos, incluidas las libertades de información. Pero al mismo tiempo revaloré el esfuerzo que hacen desde marzo mis colegas de Periodistas y Profesionales de la Comunicación, AC, para formar periodistas en estos rumbos.

II. Las mañanas las dediqué a caminar municipios hacia la Sierra Madre Occidental, de Canatlán a Tepehuanes, en pos de historias de violencia criminal, que incluye la ausencia democrática del Estado. Una de las quejas recurrentes fue la invisibilidad: un párroco de Santiago Papasquiaro me dijo que le admiraba lo poco que aparece «en las noticias» lo sucedido en Durango, siendo a veces más atroz que lo que se informa de Tamaulipas.

Paradoja evidente: el periodismo investigativo es más necesario que nunca, pero la crisis de la industria noticiosa, el autoritarismo y la indolencia colectiva van matando sus precarias posibilidades de vida. Esto es una gran noticia para políticos autoritarios y caciquiles como los predominantes en Durango, patrocinadores entusiastas, obviamente, de Órale!! Qué Chiquito, boyante en su inocuidad mientras otros impresos quebrados pueden pagar ya solo con despensas el trabajo de sus periodistas.

Este paisaje lunar del periodismo –agudizado por el acoso del régimen rapaz de Ismael Hernández Deras contra periodistas como Gabriela Gallegos Ávila y Rubén Cárdenas– me recordó el artículo «A national endowment for journalism», que me envió gentilmente John M. Ackerman, donde Bruce Ackerman y Ian Ayres [The Guardian, febrero 13, 2009] dimensionan una posible desaparición del periodismo investigativo.

A partir de los dramas financieros de Evening Standard, Los Angeles Times y The New York Times, refieren la inminente disolución de una industria que definió la modernidad: el diarismo impreso, e instan «a las democracias de todo el mundo a considerar la creación de mecanismos de financiamiento público para el periodismo, cuidadosamente diseñados para enfrentar el inminente colapso del periodismo de investigación».

La preocupación, insisten, no debe estar en la permanencia de las «noticias impresas», «El gobierno debe […] dejar que el mercado decida la manera correcta de distribuir las noticias». «La verdadera preocupación debe ser la cobertura», pues son «enormes [los] costos por la pérdida de un núcleo vibrante de periodistas de investigación dedicados a cubrir las noticias locales, nacionales e internacionales» –en virtud de que el periodismo investigativo ha sido históricamente un eficaz contrapeso del poder político.

Más allá de proyectos ciudadanos para formar periodistas investigadores y la financiación de sus reportajes, apuntan que el sistema debe preservar la salud del «periodismo crítico», porque «La democracia liberal puede sobrevivir a una crisis en la industria del automóvil o la construcción, pero no puede prescindir de un cuarto poder vibrante».

III. El Bebeleche no es una secta edípica, un antrillo ni una incitación, sino el estupendo Museo Interactivo de Durango –que toma esa denominación del mismo juego infantil que los chilangos llamamos «Avioncito»–. Ahí, durante una charla con estudiantes y colegas organizada por Periodistas y Profesionales de la Comunicación, AC, compartí la visión de Ackerman y Ayres, para incitarlos en pro de la investigación periodística.

Horas después, reportero en pena, pisando fuerte cruzo a la medianoche los barrios viejos de Cantarranas, Tierra Blanca y Analco, refunfuñando contra Órale!! Qué Chiquito, aunque convencido de que somos hechiceros que en esta lucha desproporcionada perseveramos en una profesión socialmente vital. Y me digo, «¡Putas!, sigamos, como quien espesa el caldero con un puñado de colas de Centruroides suffusus» –ocioso nombre que los aracnólogos dan al taimado alacrán de Durango.

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